La batalla de Stalingrado marco un antes y un después. Miles de jóvenes soviéticos entregaron sus vidas en las encarnizadas luchas que se vivieron edificio a edificio, piso a piso, cuarto a cuarto. Cerca de 500.000 soviéticos reposan desde entonces en Stalingrado.
Gracias a ellos, el ejército alemán inició una lenta y agónica retirada que culminó en Berlín en 1945 cuando los sargentos Yegorov y Kantariya izaron la bandera roja de la victoria en la cúpula del Reichstag en ruinas.
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