
Algunos monumentos, palacios, plazas o ciudades del mundo tienen nuevos matices cada vez que los visitamos, y el Palacio de Verano de Catalina es uno de ellos. Pese a que hemos recorrido y visitado sus atracciones en ocasiones anteriores, hoy hablaremos de algunos rincones secretos, mágicos e inolvidables.
Como ya hemos dicho, forma parte del Patrimonio de la Humanidad del “Centro histórico de San Petersburgo y conjuntos monumentales anexos”. Comenzó a construirse en el año 1717 cuando Catalina I le encargó al arquitecto alemán Johann-Friederich Braunstein un palacio de verano para sus momentos de ocio.
Años después, la emperatriz Ana (1733) ordeno que se ampliará el edificio, y el trabajo cayo en manos de Mijáil Zemtsov y Andréi Kvasov. Luego Isabel también pediría refacciones y las ordenaría al arquitecto Bartolomeo Rastrelli en 1752.
En definitiva, el Palacio de Catalina presenta diferentes salones y estilos acordes a la época de la cuál provienen sus refacciones.
El lujo y la ostentación forman parte inevitable de la historia del palacio, con decir que se usaron más de 100 kilos de oro para dorar la fachada y otras estatuas que están sobre el tejado del palacio.
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