Con excepción del aeropuerto, viajar en taxi en Moscú es una experiencia maravillosa. Mas bien una de las diversiones mas baratas. Se abandona por ejemplo un club o discoteca durante el tiempo en que el metro no corre entre las 2 y las 5 de la madrugada, se llega directamente a la esquina de la calle, extiendes el brazo y, en menos de lo que canta un gallo, un taxista aparecerá.
Antes que se disponga a subir hay que ponerse de acuerdo con respecto al precio. Le dice al conductor el destino de viaje. Si en un caso él no conoce la calle o el hotel, le sirve la estación del metro más cercana como punto de orientación. O él le hace una propuesta o le pregunta cuanto desea pagar. En este caso es preferible un ruso mal hablado a un inglés perfecto de Oxford.
En la época soviética todos los taxis eran estatales. Después de los cambios políticos que hubieron en Rusia los taxis simplemente dejaron de existir, ya que el estado no daba dinero para el mantenimiento del parque automovilistico. Pero ya que los taxis son algo necesario para una ciudad tan grande como Moscú surgieron los llamados taxistas particulares. No estamos hablando de compañías particulares, sino de cualquier ruso, que tiene un coche puede ser taxi sin tener alguna señal específica. El chofer para, Ud. le dice a donde quiere ir, negocian el precio y si llegan a un acuerdo por una cantidad de 2 a 10 euros (depende de la distancia) llega a su destino. Se paga solo cuando uno llega al lugar necesario.
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